viernes, 27 de mayo de 2011

Hoy.

Hoy, como otros muchos días, me siento una extraña entre la masa de gente que me rodea. Cada acto, cada palabra y cada gesto que observo me provocan asco y repulsión hacia toda la sociedad en general. También hacia mi misma. Porque yo también estoy inserta en ella y me someto a sus pautas y caprichos, por mucho que me duela aceptarlo.

Hoy, como otros muchos días, me siento sola. No encuentro nada ni a nadie para deshacerme de todos los sentimientos contradictorios que arrastro desde que me levanté por la mañana. No me siento identificada con ninguna persona, no me siento perteneciente a ningún grupo, no sé quién podrá comprenderme, puesto que ni yo misma lo hago.

Hoy, como otros muchos días, tengo ganas de gritarle al mundo lo asqueroso que es. De volverme grande, muy grande, enorme, levantar mi pierna gigantesca y pisotearlo hasta la saciedad. De reconstruírlo a mi antojo a partir de sus restos, volverlo a pisotear y volverlo a reconstruír de otro modo distinto.

Pero hoy, a diferencia de otros muchos días, no me importa en absoluto sentirme así. Pese a la desesperanza que me acompaña, me siento contenta conmigo misma: veo las caras de la gente al pasar, sonrío para mis adentros y pienso que, mientras la mayoría de ellos aceptan un modo de vida que les ha sido fabricado de antemano, yo mando a tomar por culo toda clase de dogmas y fabrico el mío a mi gusto (dentro de lo que me permite la sociedad, claro).

Además, mañana será otro día. Cuando me levante de la cama, seguramente la crisis existencial se haya conviertido en una oleada de energía positiva. Y hoy, como otros muchos días, se convertirá en un simple y efímero ayer.

domingo, 22 de mayo de 2011

El despertar de la sociedad.

Me he pasado las dos últimas tardes en la plaza de mi ciudad donde está la acampada del movimiento Democracia Real. Bueno, en realidad, Democracia Real se ha desvinculado de ellos debido a los "continuos actos carentes de ética" (de los cuales, por cierto, yo no he observado ni uno). Pero a fin de cuentas es lo mismo: gente pensante con un espíritu rebelde que lucha por un objetivo común. Y eso es lo que importa.

A lo que iba. Ha sido realmente maravilloso. Por fin, por fin nos estamos indignando, y con la fuerza que desprende nuestra indignación, logramos despertar la de otras personas. Me ha sorprendido la gran capacidad de organización de quienes dirigen la acampada: carteles hechos a mano por todas partes, una pequeña biblioteca con libros donados por muchísima gente, una sala de estudio improvisada, actividades de cuentacuentos y de manualidades para los niños pequeños, actuaciones musicales y, finalmente, la gran Asamblea a las ocho de la tarde. Una Asamblea en la que no sólo hablan y deciden los cabecillas, como ocurre en la política actual, si no una Asamblea donde el micrófono es propiedad de todos y cada uno de los presentes. Nadie tiene por qué callarse lo que piensa, todo el mundo es libre de compartir con los demás sus críticas al sistema y las alternativas que proponen. Los aplausos y las aclamaciones se suceden tras cada cuatro o cinco frases dichas por la persona que esté hablando, como muestra de aprobación y dándole fuerzas para continuar. Esto sí que es una verdadera democracia, joder.

Mientras los partidos políticos se dedican a comprar el voto de los ciudadanos (o intentarlo, en cualquier caso) regalando florecitas, pulseras, camisetas y demás tonterías, Democracia Real despierta al pueblo mediante el diálogo, el debate, y la libertad de expresión como principal vehículo de ellos. Cientos de personas les demuestran su apoyo, ya sea aportando voluntariamente material a la acampada o mediante un simple, pero sincero, aplauso.

Sólo espero una cosa: que la revolución no termine hoy, que continúe a lo largo de todo el año (y más, si hace falta) mediante diversos actos y movilizaciones. Deseo con todas mis fuerzas que realmente estemos abriendo el camino hacia el principio del fin de esta ¿democracia? bipartidista, corrupta y subyugada a los intereses económicos de los peces gordos del sistema.

Nacimos insertos en una sociedad diseñada perfectamente por quienes tienen el poder para que no pensemos ni nos cuestionemos nada, distrayéndonos a través de un aparente bienestar mientras ellos se llenan los bolsillos a nuestra costa. Por favor, no permitamos que nos conviertan en robots. Neguémonos. Actuemos. ¡Rebelémonos!

jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia Real.

Tengo que admitir que estoy impresionada: no me esperaba en absoluto una cosa así de la sociedad de hoy en día. La resignación general, la facilidad para asimilar todo aquello que viene dado sin cuestionárselo y la evasión de la realidad mediante las fantasías televisivas son las principales características que llevo observando y criticando en esta sociedad desde hace bastante tiempo, lo cual hizo desaparecer absolutamente mi fe en que algún día lograríamos cambios en ella.



Pero, por una vez, me alegra reconocer que estaba equivocada. Hay mucha más gente disconforme con el sistema de la que yo me creía, gente que piensa y se cuestiona las bases de éste, siendo capaces así de destacar sus principales fallos y proponer alternativas para solucionarlos. Y no son cuatro pelagatos, señores, no hay más que ver algunos vídeos para darse cuenta de que, por lo menos en las ciudades grandes, son suficientes como para que nadie sea capaz de detenerlos.
Me acabo de informar acerca de la acampada de mi ciudad, y estoy decidida a sumarme mañana a ella. No pienso consentirme a mi misma el estar siempre poniendo verde esa apatía social que tanto me enerva, y no actuar al respecto cuando tengo ocasión.

Sin embargo, también me he indignado ante la cantidad de gente que critica el movimiento Democracia Real, la mayoría de la cual lo hace sin otros argumentos que no sean del tipo "los jóvenes, con tal de armar follón..." o "bah, sólo son una panda de anarquistas y comunistas disimulados". De todos modos, todas esas personas que se oponen a él son una evidente señal de su triunfo.

¿Sabéis por qué los critican? ¿Por qué los tachan de falsos y absurdos?
Yo os lo digo, amigos:
PORQUE LES TIENEN MIEDO. Y si han llegado a la conclusión de que este movimiento puede poner en peligro su maravilloso sistema de bienestar, es que realmente tiene poder como para conseguir algún cambio.
Intentan convencerse a si mismos y al resto de que esta gente no sabe lo que defiende, simplemente porque no son capaces de afrontar la verdad. Utilizan esa mentira para refugiarse de una realidad que los atormenta.

En fin, el ser humano siempre ha tenido miedo a lo distinto, a todo aquello que desconoce. Quienes no son capaces de superar ese miedo, deberían tratar de analizarlo todo desde fuera, intentar ser un poco objetivos y, si lo logran, tal vez consigan ver esta situación de otra manera. ¿Por qué les aterra tanto la posibilidad de un cambio?

La ignorancia es lo más cómodo que conozco, después del sofá de mi casa.

www.attac.tv/altermedia/

lunes, 16 de mayo de 2011

Nihilista solitario. Neohippy solidaria.

ÉL: ¿Y Dios?

ELLA: ¿Qué?

ÉL: ¿También crees que está ahí viendo si te portas bien?

ELLA: No.

ÉL: Cuestión de fe. Así es como funciona todo.

ELLA: Parece que hay mucha gente disconforme, que hay un descontento general. Hasta parece que vivimos en una época muy humanista. Pero lo cierto es que el noventa por ciento de la población piensa que el mundo es como dice la televisión. Ni se paran a contemplar otras opciones.

ÉL: Y tú eres muy lista y estás en el diez por ciento restante.

ELLA: Lista no. Rara. Porque me esfuerzo por no aceptar lo que todo el mundo considera la normalidad, por no aceptar lo que me viene dado, por no ser la persona que me obligaban a ser.

ÉL: Es un esfuerzo estúpido. Yo llevo toda la vida convenciéndome de no ser lo que pensaba que me estaban obligando, para intentar ser algo que me parecía mejor. Cuando era pequeño, me convencí de que mis padres estaban en mi contra y no soportaba a los niños felices que no querían ser mayores. Cuando estaba en la Universidad, me convencí de que era hippy y no soportaba a los que creían en el sistema. Después de licenciarme, me convencí de que era un currante y no soportaba a los que seguían queriendo ser hippies. Después de conseguir trabajo, me convencí de que era de clase media y no soportaba a la clase obrera. Cuando me harté de la comodidad, me convencí de que era un hombre de campo y no soportaba a la gente que vivía en la ciudad. Desde que estoy aquí de vuelta, como no tengo contra quien rebotarme, estoy convenciéndome de que no me soporto a mi mismo, sea quien sea yo mismo.

ELLA: Yo podía estar dirigiendo la sucursal de un banco, pero ya ves: me convencí de invertir mi vida en ayudar a la gente, que aunque sea deficitario a nivel económico, compensa porque da otro tipo de beneficios: la sonrisa de un niño, por ejemplo.

ÉL: We are the world, we are the children.

ELLA: Tengo fe en que puede haber un mundo mejor y lucho por eso. ¿Te parece mal?

ÉL: Es un trabajo como otro cualquiera.

viernes, 13 de mayo de 2011

Simplemente por decir algo.

Hace mucho que no escribo. Leo mi propio blog una o dos veces al día, me quedo pensativa y me entran unas ganas enormes de crear una nueva entrada. Pero entonces se me ocurre que no sé sobre qué hablar y, además, no me apetece esforzarme demasiado pensando, escribiendo, releyendo y después puliendo un nuevo texto.

Cierro el blog, me voy a hacer mis cuatro tonterías diarias y me consuelo a mi misma, prometiéndome que no volveré a dejar que mi pereza domine mis ganas de gritarle al mundo lo que llevo dentro. En fin, como ya decía Friedrich Nietzsche, "tienes que tener muy buena memoria para poder cumplir todas tus promesas". Por lo menos, sé que yo la tengo. Pero me da la impresión de que a Nietzsche se le olvidó mencionar otro requisito imprescindible: también tienes que ser trabajador y, si no lo eres, por lo menos tener fuerza de voluntad para obligarte a serlo.

Se ve que yo no poseo ninguna de esas dos cualidades. Debería jugar a la tómbola un día de estos, a ver si me toca una de ellas...